pierdo los nervios con mi hijo y le pego

5 consejos efectivos para controlar la ira y dejar de pegarle a tu hijo

Mi edad es de 30 años y vivo en separación. Soy madre de un pequeño de 4 años y un bebé de solo 4 meses [...]. En su mayoría, los disfruto enormemente, sin embargo, hay ocasiones en las que pierdo la paciencia con ellos y les grito con frecuencia, especialmente al mayor. Si accidentalmente salpica con pipí, lo reprendo, y lo mismo si se ensucia.

Discúlpate con honestidad y pesar

En la sección anterior se ha demostrado que no hay excusa posible para pegar a tu hijo. Por lo tanto, si lo has hecho, es importante que le pidas perdón y reconozcas que actuaste de forma incorrecta, sin agregar ninguna razón que justifique tu acción. Es necesario que asumas la responsabilidad de tus actos y te disculpes sinceramente, explicando a tu hijo que no volverá a suceder. De esta manera, al menos el niño entenderá que no debe sentirse culpable por recibir un golpe.

No hay solución para el bofetón o el golpe

Mis padres fueron buenos padres.

Sin lugar a dudas, lo afirmo enérgicamente. Aunque, en tres ocasiones perdieron el control. Una vez, mi padre me dio un cachete, molesto por haber pisado sus gafas y romperlas. En otra ocasión, mi madre me dio un bofetón mientras yacían delante de mí unas espinacas en el plato. Y recuerdo claramente, un día en el que sin pensar tiré unas croquetas por la ventana del patio.

Hoy en día, aún a pesar del tiempo transcurrido, esas tres bofetadas siguen grabadas en mi memoria. Como las que tú puedas dar a tus hijos, no se pueden deshacer ni arreglar. Y lamentablemente, quedan impresas en nuestro corazón para siempre.

La clave del aprendizaje evitar la repetición de errores

Pedir perdón es sencillo, pero no basta con sentirse culpable si no se toman medidas para evitar que se repita. El cerebro tiene la capacidad de aprender de los errores, pero para ello debemos actuar de manera distinta a como lo hicimos. Por tanto, resulta fundamental aprender estrategias efectivas para educar sin perder los nervios.

Es importante aprender de los errores para no repetirlos. Por eso, pedir perdón no es suficiente, hay que tomar acciones concretas para evitar que vuelvan a suceder. Nuestro cerebro es capaz de aprender de estas experiencias, pero para ello es necesario cambiar la forma en que actuamos.

El perdón es un primer paso, pero no es la solución completa. Para evitar futuros errores, es fundamental adquirir estrategias efectivas para educar sin perder los nervios. De esta manera, el aprendizaje será más efectivo y duradero.

Ante la adversidad busca apoyo no estás solo

No es fácil lidiar con situaciones frustrantes o conflictivas, pero hay distintos profesionales que pueden ayudarte a manejarlas de manera calmada y con autocontrol. Uno de ellos, muy comúnmente, son los psicólogos infantiles. Ellos reciben a menudo las demandas de padres que están preocupados por el comportamiento de sus hijos, y realizan una importante labor educativa para enseñarles estrategias efectivas que les permitan mejorar su manejo de situaciones difíciles. Así, podrán evitar recurrir a la violencia y no tener que llegar a pegar a un niño.

Licenciado en psicología y especializado en neuropsicología, soy Álvaro Bilbao, padre de tres niños por encima de todo. Mi formación se ha llevado a cabo en prestigiosos centros como el Hospital Johns Hopkins y el Kennedy Krieger Institute. Me enorgullece haber colaborado con organizaciones como la OMS y el Children Center de Nueva York. Además de ello, soy autor del aclamado libro "El cerebro del niño explicado a los padres", traducido a 14 idiomas, y del exitoso curso online "Educar en positivo".

¡Recuerda! La violencia nunca es la solución. Siempre hay formas pacíficas y efectivas de lidiar con situaciones difíciles. Si necesitas ayuda, no dudes en buscarla en profesionales calificados y en métodos de educación positiva. Los niños merecen una crianza sin violencia y llena de amor y respeto.

La violencia no es la clave para educar a los niños

La crianza de los hijos siempre ha sido un tema controvertido, especialmente cuando se trata de la disciplina. Algunos padres creen que dar una bofetada o un azote es necesario para corregir el comportamiento de sus hijos, mientras que otros están en contra de esta práctica pero pueden ceder ante la frustración.

Las últimas tendencias educativas, basadas en la tolerancia y la libertad, promueven el diálogo como una forma más efectiva de enseñar y moldear a los niños. Sin embargo, algunos padres todavía se arraigan a los métodos tradicionales como el azote y la bofetada para imponer la disciplina.

Un ejemplo común de esto es Sara, una niña de tres años que muestra su rebeldía y terquedad en un concurrido centro comercial. Incluso con su madre tratando de calmarla diciéndole "Vale, Sara", ella sigue gritando y haciendo berrinches, mientras observa a su público con una sonrisa de satisfacción. La madre, cada vez más nerviosa, eleva el tono de su voz y termina por darle un azote de manera involuntaria, sin saber cómo lidiar con la situación.

Tomar responsabilidad por tus acciones

A pesar de la frustración y la rabia que podamos sentir en momentos de estrés, no debemos transmitir esas emociones hacia nuestros hijos de manera violenta.

Es importante recordar que nuestros hijos son seres humanos con derechos propios y no objetos en los que podamos descargar nuestras emociones negativas. No tienen la culpa de nuestras situaciones de estrés y, por lo tanto, no deben ser objeto de agresión en ningún caso.

Las verdaderas causas detrás de

La gran mayoría de los padres que utilizan algún tipo de castigo físico, como un golpe o un cachete ocasional, no lo hacen de manera consciente, sino como un hábito que aprendieron de sus propios padres. Sin embargo, raramente reflexionan sobre su efectividad (que la ciencia ha demostrado como no efectiva) o si realmente ayuda al niño en algún sentido.

En realidad, es bien sabido que el uso de castigos físicos es una mala decisión cuando se trata de educar a un niño, ya que son menos efectivos que otras estrategias de educación positiva y además pueden tener efectos negativos en el niño.

Por ejemplo, el niño puede sufrir daños en su autoestima y tener menos control sobre sus impulsos, lo que aumenta la probabilidad de que se convierta en un acosador hacia otros niños. Esto se debe a que el niño necesita liberar la frustración que siente y lo hace de la misma forma que ha presenciado en sus padres.

No justifiques al menor el motivo de su agresión física

Es común que los padres se disculpen de esta forma: "Te he dado una torta porque te lo he repetido tres veces y no me hacías caso". Sin embargo, este tipo de excusa es peligrosa ya que justifica la agresión.

Nunca hay una razón válida para utilizar la violencia, por lo que cualquier explicación solo hará que tu hijo y tú crean que esa reacción fue justificada. Debes recordar que el maltrato verbal o físico nunca está justificado y no debe ser tolerado.

Algunos maltratadores utilizan esta estrategia para justificar sus acciones y hacer sentir a la víctima que se lo merece. No permitas que tus hijos sientan que merecen ser golpeados o agredidos. Tu responsabilidad como padre es proteger y cuidar de ellos, no lastimarlos.

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"Se habla mucho sobre la importancia de los límites a los hijos, pero también es esencial poner límites a otros adultos."

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