la gente que merece la pena es la que te la quita

Descubre por qué las personas que te quitan valen realmente la pena

Quien te causa dolor no merece tu atención. Es cierto, aquellos que te causan sufrimiento no merecen estar en tu vida, ya que quien te ama de verdad no te hará daño. Al menos no de manera intencional.

Despréndete de quienes te causan daño en tu vida

Aléjate de aquellos que te lastiman, que te hieren con flechas de emociones envenenadas, que solo buscan su propio interés y te manipulan con engaños y falsos sentimientos.


Tómate un momento para mirar desde lejos a estas personas y obtener una perspectiva más clara. No vale la pena dedicar tu tiempo y energía a quienes te hacen daño, aunque a veces es inevitable sentir tristeza ante su presencia.


No permitas que te tomen por sorpresa y te dejen sin escapatoria, pero úsalo como oportunidad para cuestionar su influencia en tu vida, validar tus emociones y asegurarte de que aquellos en tu círculo cercano realmente valen la pena y te traen felicidad.

Despídete de quienes te hacen mal en tu vida

Despídete de quienes te hieren, te hieren con sentimientos tóxicos, buscan solo su beneficio, manipulan con engaños y falsas emociones. Es preferible que los observes desde lejos y tomes perspectiva. No vale la pena quien te lastima, aunque a veces es inevitable sentir tristeza al saber que existen personas dispuestas a hacerte infeliz. Que te sorprendan y no puedas escapar no ayuda a evitar la tristeza, pero te da la oportunidad de cuestionarte, validar tus emociones y asegurarte de que tu círculo íntimo realmente vale la pena y siempre te brindará felicidad.

La fragancia de la sorpresa desleal

El aroma de la traición inesperada es repugnante y nos invade con un sentimiento de desolación. El hedor penetra nuestros sentidos con notas de pobreza y amargura, acompaña de vómito, náuseas, miedo, impotencia, rabia y dolor. Y lo más difícil es que no podemos simplemente tragarlo, debemos engullirlo sin reflexionar para que pase lo más rápido posible.

Después de este golpe inesperado, nuestra tierra queda devastada y paralizada. Se retiene en un estado de inutilidad, como si temiera que alguien más pudiera destruirla una vez más. Un sentimiento de parálisis nos impide avanzar y construir nuevas oportunidades.

Nos sentimos intimidados por la idea de que cualquier cosa que construyamos será arrasada con facilidad, haciendo que todo nuestro esfuerzo no valga la pena ante la tristeza de su eventual desaparición. Es difícil avanzar y encontrar motivación para empezar de nuevo en una tierra que parece insegura e inestable.

Todos podemos cometer errores

Todos somos humanos y podemos equivocarnos y causar daño a los demás. Sin embargo, es importante recordar que la intención detrás de nuestras acciones es lo que realmente importa. Si nuestra intención no era hacer daño, entonces no debemos cargar con la culpa de nuestro "ataque".

A veces, no somos conscientes de las consecuencias de nuestras acciones y terminamos lastimando a quienes más nos importan. Esto ocurre porque aquellos que no nos aprecian no se ven afectados por nuestros comportamientos.

Es decir, los comportamientos malintencionados no forman parte de nuestra naturaleza. Por lo tanto, si cometemos un error y nuestra intención era buena, debemos enfocarnos en corregirlo, no en culparnos a nosotros mismos.

La fragancia de la inesperada deslealtad

La infidelidad inesperada deja un rastro fétido. Un olor a desgracia y pesar, a náusea y arcadas, a repulsión y angustia. También a impotencia, a ira y a sufrimiento. Lo peor es que no podemos simplemente tragarla, debemos devorarla a regañadientes para que pase cuanto antes.

Después de ese golpe, nuestra tierra queda devastada, inmovilizada como si temiera ser destruida una vez más. Nos paraliza y nos impide construir o empezar de nuevo con confianza.

Sentimos que cualquier cosa que intentemos edificar será derribada con tanta facilidad que no merece la pena el esfuerzo. La tristeza por su desaparición supera cualquier ganancia que podríamos obtener.

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